lunes, 14 de abril de 2014

¿Son los incentivos realmente motivadores? Su eficiencia en la Gestión Sanitaria

Definimos incentivo como aquello que se le ofrece a una persona, grupo o sector para elevar la producción y mejorar los rendimientos. El pago de incentivos financieros en sanidad está aumentando en una buena parte de los países europeos. Sin embargo, tal y como muestra la revisión Cochrane sobre incentivos en Atención Primaria ,no hay evidencia sobre su efecto positivo en la calidad o en la eficiencia del sistema. Los programas de pagos por objetivos, pago por desempeño y pago por rendimiento se ha extendido en todo el mundo. Pero, ¿son realmente eficaces?
Desde la teoría económica clásica el marco teórico frecuentemente adoptado es la Teoría de la Agencia, en ella la organización sanitaria diseña un contrato de incentivos para inducir un comportamiento óptimo del profesional sanitario. De lo que se deduce que el coste (esfuerzo) de la tarea dependerá de la probabilidad de obtener respuesta. De esta manera, la economía clásica convierte al hombre se comporta como un ser racional, como una máquina, en la que las emociones, expectativas, experiencias, etc poco tienen que ver en sus decisiones. Por tanto, el hombre toma decisiones ateniéndose únicamente a una lógica mercantilista donde el dinero sería su única recompensa.
Sin embargo, todo esto ignora lo que realmente empuja la conducta del individuo: sus deseos, pulsiones, pasiones, sentimientos... El hombre se convierte en un "homus economicus"

Dimensión ética de los incentivos
Desde siempre me había planteado el componente ético de los incentivos. La verdad es que nunca llegué a entender muy bien porque dar un suplemento económico por cumplir ciertos objetivos que en caso de estar bien formulados formarían parte de mi trabajo como profesional sanitario. Es fácil, por tanto, deducir que todo esto del complemento de productividad me parecía algo muy útil para la administración por dos cosas::
1. Consigue que el trabajador se alinee con sus objetivos (sean estos de la naturaleza que sean)
2. Consigue que esos objetivos se conviertan en una falsa meta colectiva, haciendo que el resto del grupo presione para conseguirlos a cualquier costo.
Pero realmente esto va más allá. Una de las características del ser humano es poder transformar la naturaleza emitiendo así diferentes repuestas al mundo. Esto se hace atendiendo a unos valores. Sin embargo, si reducimos el valor de las cosas al precio, despreciamos el resto de valores dándole prioridad absoluta al valor económico. Se pierde el principio de la libertad de elección y del poder de decisión de la conducta humana. Se pierde el principio de la ética en la toma de decisiones.
Si las reglas no son mercantiles, los seres humanos pueden tomar decisiones basadas en sus valores, su compromiso, su vocación, etc... Sin embargo cuando ubicas a las personas en reglas de mercado, el esfuerzo irá en función de estas reglas. Se impone la lógica monetaria y esto es muy difícil de revertir. Por tanto, los incentivos estarían monetarizando conductas que sin ellos podrían deberse a motivaciones más fuertes y comprometidas que la puramente económica.

Cuando la economía va más allá
Más allá de esta teoría mecanicista de la conducta humana y de la toma de decisiones racional, encontramos el desarrollo de otras teorías que reivindican la existencia de otros factores en la toma de decisiones en la incertidumbre. Así nace la "Behaviour Economic". En ella, se estudian los factores que determinan la conducta del ser humano y como afectan estos a los precios de mercado, beneficios y asignación de recursos.
Uno de los problemas que presenta la teoría de la agencia, es que en ella el esfuerzo (coste) de la tarea depende de la probabilidad de respuesta esperada. Sin embargo, no tiene en cuenta la probabilidad de obtener respuesta sin esfuerzo. Es decir, no contempla la posibilidad de conseguir estos incentivos de manera deshonesta. Para ello nos fundamentamos en la teoría de Dan Ariely sobre el "Fudge Factor" en la cual las personas nos movemos en un equilibrio entre dos fuerzas: una que nos hace cometer deshonestidades y otra que nos frena porque no nos permitimos o considerarnos unas personas moralmente correctas.
Además de esto, el investigador Dan Ariely con su experimentos en la India demostró que los incentivos económicos son motivadores efectivos solo cunado se otorgan por realizar tareas operativas o mecánicas. Sin embargo, cuando la tarea requiere del uso de habilidades cognitivas o creatividad, mientras mayor es el incentivo económico peor desempeño se obtiene. 

Por tanto, como organización sanitaria deberíamos plantearnos si los incentivos son realmente efectivos en tareas que implican decisiones en un entorno de alta incertidumbre y que implican una alta dosis de componente humano y de ética profesional.

La motivación y los incentivos
Terminamos el post introduciendo del concepto de "Flow" de Mihály Csikszentmilhalyi, como el estado en el que se experimenta una inmersión absoluta en una tarea en la que se manifiesta un gran placer a la vez que una sensación de realización.
El reto de toda organización sanitaria debe ser conseguir que sus profesionales alcancen este estado. Y esto no podrá ser conseguido mediante incentivos económicos. La pregunta es: ¿seremos capaces de alcanzarlo con otros métodos de motivación o seguiremos anclados en la teoría clásica de incentivos? lo que si es seguro es que el camino esta en conseguir una mayor posibilidad de desarrollo personal de los profesionales y una mayor satisfacción tanto personal como profesional en su trabajo. Mientras tanto, tan solo conseguiremos resultados en pequeños objetivos a corto plazo en unos profesionales desmotivados y sin ilusión.


Vicky López 
@vickyloru  












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